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Y en España desapareció el castellano

¡Hola, lectores!

Hace un tiempo dejé un texto en Facebook hablando sobre el castellano y la costumbre que tenemos en España de usar de manera cada vez más habitual anglicismos al hablar.

Cuando la empresa para la que he trabajado durante la mayor parte del tiempo desde el año 2014 quiso «profesionalizarse», emisión y recepción pasaron a llamarse outbound e inbound, los coordinadores team leaders, y el departamento de calidad y formación quality and training.

Esto es tónica habitual y no hacen sino emular al ciudadano de a pie, aquel que probablemente no tenga ni idea de inglés, pero para el que palabras como gym, bulling, running, smartphone, zapping y demás anglicismos son tan habituales como el «buenos días».

Lo mismo que sustituimos a los Reyes Magos por Santa Claus, celebramos el Black Friday o nos hemos olvidado del día de tradiciones más españolas como el Samhain (o Samuín, que se llamaba en Cantabria), para celebrar Halloween, que es lo mismo pero ya se sabe, en inglés suena mejor (y si proviene de EEUU, para qué queremos más), estamos enterrando palabras como acoso, senderismo, correr, teléfono, etc.

Lo que más me preocupa de todo es que cada vez es más común entre determinados escritores abusar de este tipo de términos, no solo en las redes sociales, donde los unboxings, repost o booktags están tan consolidados, sino en sus propios libros. Honestamente, un uso sistemático de los anglicismos en un libro hace que este, en mi opinión, tenga un valor inferior. Que bien está que se cuele alguno, pero que en todas las hojas haya uno es deprimente.

Puede que a unos cuantos compañeros no les guste leer esto, sobre todo a los más jóvenes, que tienen más arraigado el uso de dichos vocablos, pero pienso que somos nosotros, los que damos vida a historias a través de las letras, los que debemos preservar el buen uso del castellano, la segunda lengua más conocida del mundo por número de hablantes nativos, solo por detrás del chino. Creo que el esfuerzo merece la pena, ¿no?

En fin, que espero que todos reflexionemos un poco, dejemos aparcados un tanto los anglicismos y homenajeemos como se merece a nuestra querida lengua. Os dejo con aquel texto del que os hablé al comienzo de esta publicación… ¿o preferís llamarlo post? No lo he retocado, está tal cual lo escribí hace un par de años largos ya. ¡Espero vuestra opinión en los comentarios!

Hace unos cuantos años, cuando yo iba al colegio, algunos niños sufrían acoso escolar. Hoy no, hoy los padres de los compañeros de mis hijas tienen miedo de que sus hijos sufran bullying. Esos mismos padres, la mayoría de ellos de más de cuarenta años, no saben inglés, pero salen a hacer running, porque lo de salir a correr ya no se lleva y el footing ya pasó a mejor vida, y los fines de semana si hace bueno hacen trekking cuando a buen seguro al igual que yo iban al monte de paseo con el bocata con los pantalones viejos y la camiseta de «fontanería Paco» que le regalaban a sus padres en la tienda de debajo de su casa. Allí, cogían una vara de avellano, pues ni las camisetas técnicas, ni los bastones de trekking se estilaban por esas fechas en las que el senderismo se llamaba por su nombre.

El mes pasado me presentaron a una chica, muy pija ella, que iba cada día al gym, no por estar en forma, sino por subir selfies a Instagram con su smartphone, porque ella móvil no tiene, que eso suena a ladrillo de los de antes, por mucho que un Nokia de antaño pesase lo mismo y abultase menos que su teléfono móvil inteligente de 5,5 pulgadas. Tras aguantar sus sandeces un par de horas, me despedí, preguntándola que si me daba «un par de ósculos», a lo que ella me respondió «que te los de tu puta madre» (ahí no utilizó anglicismo alguno, aunque a buen seguro que se quedó con las ganas de soltar un WTF o OMG aunque no supiera lo que dichos acrónimos significan). Cuando expliqué que ósculo era sinónimo de beso arrugó el morro, y ya ahí supe que no merecía la pena explicar que las palabras sinónimas son aquellas que quieren decir lo mismo.

Pero es que los españoles somos así, apenas entendemos nuestro idioma, pero vamos de modernos, y jugamos al basket, ya que lo del baloncesto suena a juego de pueblo. Claro que quizá la culpa la tuvo Leticia Sabater, esa misma que atormentó al mundo con la Salchipapa hace unos años y ya en las pesadillas de los que éramos niños al principio de los 90 aparecía con aquel «Ok Makey» que aún rechina en mis oídos.

Una lástima, teniendo el castellano, que es la lengua más hablada del mundo tras el chino y el inglés. Y es que no me imagino a un parisino diciendo Je veux manger Tortilla de patata ni mucho menos a un neoyorkino afirmar que this laptop is una pasada. Pero es que ellos no son tan modernos…

Publicado enOpinión

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